


En San Isidro, Belalcázar, una excavadora empezó a derribar tres casas que el terremoto del 10 de agosto dejó con daños tan graves que ya no podían seguir en pie.
Y no eran simplemente tres casas.Eran hogares de toda la vida. Lugares donde crecieron familias, se celebraron cumpleaños y matrimonios, se criaron hijos y quedaron guardados años y años de recuerdos. Algunas de estas viviendas tenían más de 100 años de historia.
Cerca de 40 personas quedaron damnificadas y hoy enfrentan algo que no es fácil, ver como en 90 segundos desaparece el lugar que durante 100 años llamaron hogar.
Para acompañarlas en este momento, la Gobernación de Caldas, a través de la Secretaría de Infraestructura y con el apoyo de Promueve Más, llegó hasta la vereda San Isidro en Belalcázar con excavadora, volquetas, maquinaria y operadores para apoyar las demoliciones y retirar los escombros.
Es un trabajo que duele, pero que también es necesario para poder avanzar. Porque la recuperación y la reactivación de Caldas también empiezan por despejar los espacios afectados y permitir que las familias tengan dónde volver a comenzar.
Juan Alberto Bernal, habitante de la vereda y familiar de algunas de las personas afectadas, lo cuenta desde lo que significa para ellos perder estas viviendas:
“Es un tema complejo porque son casas de toda la vida, casas de la familia. Es muy triste porque son recuerdos, son hogares que de un día desaparecen”.
Una de esas casas era de su tía, una mujer de 87 años. Otra pertenecía a familiares que también han vivido allí durante toda su vida.
Y quizá por eso lo que está pasando en San Isidro duele tanto, pero también muestra la fuerza de una comunidad que no se ha quedado quieta.
En la vereda viven cerca de 200 personas y allí todos se conocen. Más que vecinos, parecen una familia.
Mientras las maquinas hacían su trabajo, se organizaron en convite para atender a quienes llegaron a ayudar. Un día prepararon sancocho y al siguiente hicieron fríjoles.
Porque aquí nadie quiere quedarse esperando.
“Si nos toca hacer eventos, si nos toca hacer empanadas, tenemos que movernos como sea para poderles volver a dar un hogar”, dice Juan Alberto.
Y la solidaridad también ha llegado desde otros lugares. Hasta la zona han llegado tres camiones desde Bogotá con ayudas humanitarias. La empresa Ingemac donó 200 tejas y mano de obra, además de otras 62 tejas para la Alcaldía. También hay 12 oficiales apoyando diferentes trabajos en el sector.
Pero antes de volver a construir, hay que retirar lo que quedó.
Por eso, estas demoliciones hacen parte de una nueva etapa del plan de choque que adelanta la Secretaría de Infraestructura después del terremoto.
Primero, la maquinaria llegó a diferentes municipios para recoger y retirar escombros -se han retirado 1.323 metros cúbicos de escombros en siete territorios apoyados hasta el momento- Ahora también está llegando a los lugares donde hay viviendas que deben ser demolidas, siempre después de ser autorizadas por las autoridades correspondientes.
Belalcázar el primer municipio en solicitar este apoyo ya se han removido 315 metros cúbicos de material, con excavadora y volquetas, apoyando a las familias para despejar los terrenos y poder empezar otra vez.
Este trabajo se suma al que se ha realizado en San José, Neira, Palestina, Viterbo, Risaralda y Manizales, donde maquinaria, vehículos y operadores han estado al servicio de las comunidades afectadas.
Hasta ahora, el plan de choque registra una inversión cercana a los $45.780.000en apoyo operativo.
Pero al final las cifras son solo una parte de esta historia. Porque detrás de cada casa que se demuele hay una familia que está cerrando una etapa. Detrás de cada escombro que se retira hay un espacio que comienza a quedar listo para volver a empezar. Y detrás de cada máquina que llega también hay una forma de decirle a la gente que no está sola.
En San Isidro todavía no ha llegado el momento de levantar paredes nuevas.
Por ahora toca despedirse, limpiar el terreno y empezar a pensar cómo volver a construir un hogar.
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Juan Alberto Bernal Gallego, damnificado de la vereda San Isidro, Belalcazar.

